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¿Estamos dispuestos a prevenir y contribuir de manera estructurada la reducción de los gases de efecto invernadero que nos conducen al cambio climático?

¿Estamos dispuestos a prevenir y contribuir de manera estructurada la reducción de los gases de efecto invernadero que nos conducen al cambio climático?

Recorremos caminos y vamos dejando huella

En el mes de enero del año 2020 veíamos noticias internacionales y nos enterábamos como en China se iba propagando un virus, que poco o nada sabíamos de él, pero el impacto de ver ciudades y provincias completamente aisladas en el gigante asiático era motivo de conversación con nuestros compañeros de trabajo y familiares.

En febrero ya hablábamos con un poco más de propiedad, ya tenía el virus tenía un nombre, coronavirus, y aunque lo sentíamos lejano, al mismo tiempo lo sentíamos cercano, pues países europeos de gran nombre y popularidad, para nosotros, se llevaban la atención de los medios, donde nos informaban lo mal que la estaban pasando, con todas las consecuencias asociadas a este virus, que ya todos conocemos.

En marzo, exactamente el día 6, el Ministerio de Salud y Protección Social confirmó el primer caso de COVID-19 (ya con un nombre más científico). Ya varios países de la región reportaban casos y en Europa y Estados Unidos el panorama no era muy alentador. Dos semanas después, comenzamos a vivir, lo que ya conocíamos por medios, entramos en restricción preventiva obligatoria. Pasamos de ser espectadores a protagonistas de la historia, donde en el día a día es inevitable no escuchar, hablar, opinar, discutir y proponer acerca de un virus que se convirtió en pandemia y, estamos aprendiendo a vivir una vida diferente, con desigualdades, restricciones, miedos, inseguridades, pero al mismo tiempo con grandes oportunidades y un optimismo que prevalece en nosotros.

Este cambio también lo hemos asociado a una respuesta de la naturaleza, donde en diferentes medios hemos visto, y también nosotros hemos podido apreciar, una mejor calidad de aire en nuestras ciudades, por ejemplo en Medellín todas las estaciones de monitoreo de calidad de aire reportaron indicadores verdes (calidad de aire buena para las personas), Bogotá logró ver de nuevo los majestuosos nevados, animales silvestres recorriendo ciudades, y algo muy positivo, una gran disminución de los gases de efecto invernadero a nivel mundial. Pero no hay que cantar victoria. Si queremos realmente disminuir los gases de efecto invernadero que generamos a diario debemos tener cambios estructurados y no basados en la para imprevista de actividades como está ocurriendo a raíz de la pandemia.

Los gases de efecto invernadero es uno de los principales causantes de un gran impacto ambiental, el cambio climático; que como el COVID-19 no conoce de fronteras ni de clases sociales y económicas. Hasta ahora, hemos escuchado el término, y pensamos que es asunto de los gobiernos y grandes empresas. Pero resulta que esta problemática mundial, que no ha parado, a raíz de una disminución de emisiones en las últimas semanas, es un problema que nos incumbe a todos, ya que su consecuencia puede ser mucho más grave que el aislamiento que está viviendo el mundo entero.

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El cambio climático es un impacto que, hasta el momento, se puede decir que ha sido silencioso. Pero lleva recorriendo el camino desde hace varios años, décadas. Tal vez no ha sido tan veloz como la propagación de la COVID-19, pero seguramente está recorriendo el camino con más propiedad. ¿Que hubiéramos dado o pagado para prevenir la COVID-19? Una buena pregunta, que quizás muchos gobiernos y empresarios hubieran dado una muy buena cantidad de dinero y otros recursos para prevenirlo, y seguramente esa cantidad de dinero estaría muy por debajo, de las pérdidas económicas que hoy enfrentamos.

Ahora la pregunta es: ¿Estamos dispuestos a prevenir y contribuir de manera estructurada la reducción de los gases de efecto invernadero que nos conducen al cambio climático? Tal vez con esto que estamos viviendo, donde gran parte de la población mundial se vio afectada por una pandemia y, visualizamos gracias a los estudios científicos, que las consecuencias del cambio climático serán mucho más graves, con seguridad comenzaremos a invertir en la prevención y disminución de los gases de efecto invernadero. Y no solo es cuestión de gobiernos y grandes empresas, es cuestión de todos, todos recorremos caminos y dejamos huella, y somos responsable de esa huella que dejamos.

Cada persona, cada organización, sin importar su sector y actividad económica, contribuye a la generación de gases de efecto invernadero y también tiene en sus manos su mitigación, disminución y compensación. Cada uno debe recorrer su camino, acompañado de otros, y así dejar una huella positiva, responsable y coherente con la situación actual que vivimos, por el presente, por el futuro, por la salud del planeta, por la salud de todos y por nuestro bienestar.